Mongolia
La tierra de Chingis Khan y los guerreros que conquistaron el mundo
05.10.2006
Érase un hombre a un caballo pegado,
érase un culo cariacontecido,
érase un espinazo casi partido.
El problema no han sido los caballos, sino las sillas de montar y claro, estarse encima de una días y días y días. Pero parece que nos vamos reponiendo del esfuerzo, mi cuerpo y yo.
Si ayer contaba lo grande que es China, hoy tengo que hacer referencia a lo vacía que está Mongolia. ¡Qué descanso para los ojos después de lo llena de cosas que está China! Y no solo para los ojos, también para los pulmones, aire fresco, fresco... solo tenéis que mirar las fotitos e intentar verme la cara entre tanto gorro y forro.
Por la noche, en el campo,la estampa es igualito que el pesebre que ponía el abuelo por pascua, aunque sin castillo de Herodes: las tiendas redondas donde vive la mayoría de la gente -gers- echando humo por la chimenea, las vacas, las ovejas, los caballos a lo lejos, algún que otro camello, las montañas con nieve en la cumbre,el río, el lago, el prado, el cielo cuajadito de estrellas, el aullido de un lobo que te jode micción nocturna y te tienes que aguantar hasta la mañana y un frío igualito que el del portal de la casa del abuelo en invierno: insoportable.
En el campo mongol el vecino más cercano está como a 15 km. Lo que facilita y dificulta todo, según se mire. La gente es supersolidaria y a pesar de estar tan lejos se ayudan en todo lo que pueden. En el campo casi no se utiliza el dinero y el método más empleado para estar abastecido de cosas es el trueque. Es tan así la cosa que cualquiera puede entrar en tu tienda en cualquier momento: mirar e irse, encender el fuego e irse, llevarse la linterna e irse... Pero hasta tal extremo es la cosa que puede que la dueña de la casa no conozca al que ha entrado y ni siquiera le pregunte quién es o qué quiere y todos tan panchos y tan amigos.
La perspectiva sobre las comodidades de la vida cambia cuando se ha visitado el campo mongol más de una semana (exáctamente dos y media). No hay duchas, ni aseos, ni electricidad. No cuento más porque sería entrar en detalles escatológicos que a nadie le importan. Baste decir que la media de agua consumida al día entre bebida, cocinada, teinada y ensuciada ha sido de aproximadamente dos litros por persona. Desde luego ya quisiera yo para el resto de españoles esta capacidad de ahorro de agua. Aprendan señores que el verano se acerca.
Lo demás que tengo que contar no se puede contar con palabras, les remito a la galería de imágenes.
Un sitio por descubrir, Mongolia, aunque el estado de sus carreteras lo haga sumamente complicado. ¡Cómo necesitaba estos espacios abiertos y sobre todo este cielo alto y azul después de la niebla perpetua de Hanoi y la contaminación de China!
Con piel de lagarto y más contenta que una lagarterana en misa de doce se despide hasta la próxima misiva:
la tia matta
Posted by latiamatta 03:44 Archived in Mongolia Comments (1)





