Es una ciudad que son dos, que está en el presente y avanza con pasos de plomo hacia un futuro que se prevé endeudado y se sabe incierto... eso es lo bueno: que no se sabe.
Me encanta la creación cutre. Lo cutre, lo inmediato, lo improvisado sobre la marcha tiene una frescura que ningún gobierno por más que promueva la cultura nunca podrá conseguir con planes y estrategias de desarrollo. Me encanta la gente que crea porque no puede hacer otra cosa o porque no tiene otra cosa que hacer. Y los berlineses son muy, pero muy cool y van en bicicleta e increiblemente tienen niños incluso aunque sean muy modernos. Y hay exposiciones de todo tipo y centros sociales y culturales y danza y creación y teatro y música en vivo en los bares y fiestas locas y se vive con poco, al día.
Y al mismo tiempo, o precisamente haciendo posible que esto suceda, la gran cultura: la de la isla de los museos, la del Pérgamo, la de una Alemania centro de la Unión Europea, la de los (creo) tres teatros de la ópera. La magestuosidad de una ciudad destinada a ser centro del Imperio y la decadencia de una ciudad dividida y gobernada por varios y sometida y acallada y partida en dos, en tres, en cuatro. Y todo esto en desarrollo, en movimiento, en relación dialéctica: indescriptible con palabras.
Y la guerra, omnipresente. La verguënza y sus consecuencias allá donde se mire.
Aún así, de la tragedia, como siempre, la picaresca y la creatividad de la gente. Como los que escapaban del otro lado del muro de cualquier manera; como el grupo de jubilados que excavó un tunel por el que escaparon más de 20 personas, eso sí, todos de pie porque los viejitos habían hecho el tunel lo suficientemente alto para poder caminarlo puesto que no podían gatear; como Good bye Lenin. Lo sórdido y al mismo tiempo ridículo del gobierno comunista y sus informadores y sus métodos de espionaje sobre la población. Y lo absurdo de sus edificios y sus proyectos que no se terminan y tienen su eco en los nuevos proyectos del Berlín reunificado que tampoco tienen viso de terminarse. Y el buen humor de una gente que se rie de los gobernantes y de su muro todo lleno de colorines ahora.
Ninguna historia especial en Berlín, ha sido solo un paisaje, pero desde ahora me guardo un pequeño fondo de euritos para empezar en Berlín en cuanto me aburra y no sepa qué hacer. Incluso aprendería alemán ¡Qué ciudad!
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]]>En Varsovia, la ciudad que un día resurgió de sus cenizas, el Phoenix renace y se compra ropa nueva y se adecenta ls pelos y hasta se plantea volver a utilizar colonia y máscara de pestañas:los treinta no podrán con nosotras, mujeres modernas del siglo XXI.
La gran europa del norte espera y no podemos presentarnos de cualquier manera, Europa es Europa y hay que cuidar las maneras que una no está más en las estepas.
Al final lo del rimel me pareció excesivo, no obstante me compré incluso un complemento que luzco siempre desde entonces: un cinturón. Todo un lujo para una maleta que pesa menos de 10 kg.
Los perogui y la kalafior de la madre polaca, junto con los últimos análisis que prueban que la asquerosa de la garrapata no me ha pegao nada malo hacen que la cosa continue optimistamente. Eso sí, no sin antes descubrir que soy alergica no solo a la penicilina, en lo que a antibióticos se refiere, también a los que me he tomado en los últimos tiempos. Esto la doctora, y yo misma, lo sabemos por los granos que tengo por la cara y el cuello. Más pastillas que me tengo que tomar. El rigor de las desdichas comparao conmigo tiene buena vida.
Pero esto no es nada comparado con una ciudad que se sabe que es toda nueva porque hace como 60 años alguien se tomó la molestia de destruirla entera. Las fotos que están expuestas en las calles de la ciudad lo atestiguan y ponen los pelos de punta. El Museo del Alzamiento de la ciudad lo explica. ¡Qué gente ésta! Lo que llevan vivido. En fin, ante tanta desgracia no le sale a una quejarse de los picores ni nada.
Varsovia de la mano de los locales ha sido una ciudad muy agradable que sabe a poco, pero hay que seguir, Berlín espera.
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]]>[list]
[*]No hay basura en los arcenes de la carretera (al menos no tanta)
[*]El autobús en el que viajo no lleva colgada una cosa con flecos rojos en la luna delantera sino un San Cristobal como dios manda.
[*]Las monjas de la ciudad van vestidad de negro y no parecen skin heads.
[*]Los niños asiáticos tienen padres blancos.
[*]Hay ropa de tu talla; y lo que es más importante de tu gusto.
[*]Los lugares de conmemoración y/u oración no son montículos de piedras con lazos de colores alrededor sino cruces con flores.
[*]Todo el mundo es rubio y alto.
[*]Los coches y demás vehículos se desplazan en hilera, es decir, ordenadamente uno detrás de otro.
[*]Los peatones esperan en los pasos de cebra a que la luz cambie, incluso si no vienen coches.
[*]El desayuno tradicional son croisants y tostadas en lugar de sopa.
[*]El concepto "comida rápida" no son noodles de sobre sino bocadillos.
[*]Los sabores de los refrescos, caramelos, chicles y demás snakes son los normales, claramente identificables.
[*]Los precios, la inflacción, el IPC, el IRPF y demás indicadores económicos se han disparado alarmantemente.
[*]Ya no se puede ir en taxi.
[*]¡Por fin se entiende el alfabeto!
[*]El lujo asiatico da paso al diseño y el glamour.
[*]En las mesas de los restaurantes hay aceite y vinagre en lugar de salsa de soja; sal en lugar de potenciador del sabor y pimienta en vez de chiles.
[*]Hay servilletas de tela, leche fresca, pan, queso y vino por doquier.
[*]No solo las mujeres son interesantes...
(continuará)
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]]>Ocho de la mañana en San Petesburgo, llueve. Somos cuatro viajando juntos por casualidad y por casualidad uno de nosotros conoce a alguien en San Petesburgo. En el andén una bandera de Australia esperándonos, es el amigo del amigo que nos guiará por la ciudad, intentará acomodarnos y al final será el punto de contacto con la comunidad local de rusos y expatriados.
A media mañana el grupo se divide: tres y dos. Los dos australianos juntos en la residencia universitaria, los tres, española y dos americanos, en un hostal en la esquina con el palacio de invierno también conocido como L'Hermitage.
Comienza la exploración del terreno. Millones de catedrales, iglesias, palacios y teatros nos esperan. Iremos a la ópera a ver Fausto, el rio Nieva presente todo el tiempo sirve de orientación y la miríada de canales de pérdida.
En el albergue un piano, sobre el piano partituras, en las partituras Sinatra y en la cocina calimocho. Por supuesto nos saltamos la prohibición de beber en la habitación donde se encuentra el piano y la prohibición de no hacer ruido más allá de las 11: el recepcionista está chateando con su novia del extranjero y nada importa. Mientras tanto Sinatra y el olor a vino barato llenan la habitación. Qué suerte que uno de nosotros toca el piano, qué suerte que los otros dos estan suficientemente borrachos para cantar. Los demás huéspedes se unen y bailan descalzos en la impresionante sala medio vacia... el hostal es una más de las casas con apariencia palaciega de la ciudad. Si llegamos a dormir esa noche, yo lo me acuerdo.
El esplendor de la ciudad, del cielo, de los parques, de las cúpulas y del agua hacen que el frio merezca la pena y todo se olvida cuando se sube la escalera principal del palacio de invierno. Se entiende que la revolución de Octubre empezara aquí, no es buena política rodear la miseria de opulencia y ostentación. El palacio sigue y comienza el festival: Boticelli, Rembrand, Rubens, Velazquez, Rodin, Picasso, Matisse... Infinitas galerías y escaleras, y esquinas y ventanas sobre el Nieva y sobre las ventanas el cielo altísimo y con sol. Y esta noche tenemos fiesta, con locales, gracias a un contacto de nuestro amigo australiano.
Por la descripción no se sabe muy bien dónde vamos a terminar, puede ser una casa ocupa o un piso de estudiantes; lo que sí sabemos es que habrá sauna, porque el propietario es finlandés y que hay que llevar toallas y chanclas. Salimos preparados del hostal, o eso creíamos.
Llegamos tarde y caminar las calles de San Petesburgo compensa menos si llueve y es de noche. Keith, John, Sage, Matt, María, dos botellas de vino, helado, 5 toallas y 3 pares de sandalias. Esta fue nuestra aportación a la noche más espectacular de la historia de Rusia, los zares y las princesas alemanas.
La casa ocupa resultó ser un palacio del siglo XIX a medio restaurar que el gobierno ruso ofreció como compensación a la familia de un espía turco por los favores prestados a la corona después de que el gobierno turco lo matase por traidor, claro. El sitio está en proceso de restauración pero eso no resta esplendor a la escalera arcada y coronada por un techo artesonado y policromado de los que quitan el hipo.
A la mesa más de 25 comensales, sopa de remolacha y ensalada para todos, vodka a discrección y pan y tarta y helado. Todo servido en vajilla, cristalería y cubertería decentes a la luz de siete candelabros de plata.
A lo largo de la noche se sigue descubriendo el palacio, las zonas en obras, las zonas acabadas, los diferentes dormitorios y los muebles, el salón con la chimenea, la sala de fumadores y por supuesto la sauna. También se descubre un solo CD en toda la casa y como por arte de magia Sinatra suena en el ambiente y comienza el baile...
La noche la hizo el entorno pero también nosotros: el trabajo en la cocina de las chicas finlandesas, las despedidas de las chicas rusas, las conversaciones, las risas, los brindis y los bailes.
Sigo sin acordarme si esa noche alguien durmió, de lo que sí me acuerdo es del desayuno servido en la misma mesa con mucha menos gente pero con el mismo rigor y ceremonia.
Después, el palacio de verano.
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]]>Hubo un tiempo en que el público vibraba con las interpretaciones de los actores; hubo un tiempo en el que el cine, la televisión o la radio no existían y era el teatro el medio de entretenimiento colectivo más popular; hubo un tiempo en que los escenarios y las obras quitaban y daban razones porque sus voces eran escuchadas; hubo un tiempo en el que el teatro era un espectáculo de masas y no de minorías.
Caminando por las calles de Moscú uno no puede dejar de darse cuenta de la cantidad de teatros que hay por metro cuadrado. Esto es normal en los distritos más "culturales" de la ciudad, de cualquier ciudad, pero en Moscú es diferente: están por todos sitios. En cada estación de metro, en cada esquina hay una pequeña oficina donde se pueden comprar entradas para todos los teatros de la ciudad. Las salas son grandes, monumentales casi todas ellas, y hay aununcios y hojas volantes empapelando, literalmente, partes enteras de la ciudad.
Ir al teatro en Moscú es toda una experiencia. Las salas son enormes y están siempre llenas, no importa si es sábado por la mañana o lunes por la tarde.
En Moscú, todavía, la gente se viste para ir al teatro y todavía los caballeros le abren la puerta a las damas, la gente va con abrigo largo y existen los guardarropas y los impertinentes.
El ballet, el teatro y la ópera son todo un acontecimiento donde todo el mundo participa con la mayor naturalidad. Ver a niños, señoras con abrigos de pieles y pelo decolorado, estudiantes, macarrillas del barrio, marujas rusas, adolescentes, señores con bigote, obreros de la construcción, peluqueras, niñas pun y todo el resto disfrutando y vibrando juntos con "Amadeus" o "Giselle" es un espectáculo que nunca olvidaré.
Que un lunes por la tarde el teatro esté a reventar con sillas de la cafetería en líneas improvisadas por los pasillos y gente de pie por todos los rincones es algo que inmediatamente recuerda a los corrales de comedias con el público aplaudiendo espontaneamente y riendo y llorando y pasando un buen rato en general todos juntos.
Las flores al final no son algo impuesto por la etiqueta del momento sino por las ganas de halagar al artista que ha estado más de dos horas seguidas dejándose la piel en escena. Y ciertamente hay que ser muy buen artista para aguantar la respiración de semejante público observando y seguir llenando el escenario del Bolstoi en Moscú.
Este sitio es un sueño para un actor o bailarín. Aquí cuando el público aplaude el teatro se viene abajo y cualquier esfuerzo pasado debe merecer la pena.
No deja de asombrarme el mundo exterior.
La Tia Matta
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Érase un hombre a un caballo pegado,
érase un culo cariacontecido,
érase un espinazo casi partido.
El problema no han sido los caballos, sino las sillas de montar y claro, estarse encima de una días y días y días. Pero parece que nos vamos reponiendo del esfuerzo, mi cuerpo y yo.
Si ayer contaba lo grande que es China, hoy tengo que hacer referencia a lo vacía que está Mongolia. ¡Qué descanso para los ojos después de lo llena de cosas que está China! Y no solo para los ojos, también para los pulmones, aire fresco, fresco... solo tenéis que mirar las fotitos e intentar verme la cara entre tanto gorro y forro.
Por la noche, en el campo,la estampa es igualito que el pesebre que ponía el abuelo por pascua, aunque sin castillo de Herodes: las tiendas redondas donde vive la mayoría de la gente -gers- echando humo por la chimenea, las vacas, las ovejas, los caballos a lo lejos, algún que otro camello, las montañas con nieve en la cumbre,el río, el lago, el prado, el cielo cuajadito de estrellas, el aullido de un lobo que te jode micción nocturna y te tienes que aguantar hasta la mañana y un frío igualito que el del portal de la casa del abuelo en invierno: insoportable.
En el campo mongol el vecino más cercano está como a 15 km. Lo que facilita y dificulta todo, según se mire. La gente es supersolidaria y a pesar de estar tan lejos se ayudan en todo lo que pueden. En el campo casi no se utiliza el dinero y el método más empleado para estar abastecido de cosas es el trueque. Es tan así la cosa que cualquiera puede entrar en tu tienda en cualquier momento: mirar e irse, encender el fuego e irse, llevarse la linterna e irse... Pero hasta tal extremo es la cosa que puede que la dueña de la casa no conozca al que ha entrado y ni siquiera le pregunte quién es o qué quiere y todos tan panchos y tan amigos.
La perspectiva sobre las comodidades de la vida cambia cuando se ha visitado el campo mongol más de una semana (exáctamente dos y media). No hay duchas, ni aseos, ni electricidad. No cuento más porque sería entrar en detalles escatológicos que a nadie le importan. Baste decir que la media de agua consumida al día entre bebida, cocinada, teinada y ensuciada ha sido de aproximadamente dos litros por persona. Desde luego ya quisiera yo para el resto de españoles esta capacidad de ahorro de agua. Aprendan señores que el verano se acerca.
Lo demás que tengo que contar no se puede contar con palabras, les remito a la galería de imágenes.
Un sitio por descubrir, Mongolia, aunque el estado de sus carreteras lo haga sumamente complicado. ¡Cómo necesitaba estos espacios abiertos y sobre todo este cielo alto y azul después de la niebla perpetua de Hanoi y la contaminación de China!
Con piel de lagarto y más contenta que una lagarterana en misa de doce se despide hasta la próxima misiva:
la tia matta
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]]>En China uno es pequeño y pasa casi desapercibido siempre. No se sabe si esto es debido a la indiferencia generalizada que los habitantes de este país demuestran por los extranjeros o la sensación se debe a otra cualquier causa aleatoria.
Cuando una se monta en un tren y le dicen que la capital de provincias más proxima, podría ser este un trayecto Cuenca-Albacete en nuestros estándares, está a más de 24 horas en tren expres, la cosa comienza a tomar dimensiones. Pero el remate es cuando se llega a lo que se pensaba Palencia y se encuentra uno en una megaurbe de más de 10 millones de habitantes con más rascacielos que Madrid (¡qué ya es decir!).
La nimiedad que significamos insertos en el universo se hace más patente cuando uno está en China. Se supone que hay un montón de personas de todos los sitios viajando por aquí, pero no se ven... solo se ven chinos; por doquier, por encima, debajo, detrás, delante y alrededor de una. Claro que a los que sí se diferencia muy bien es a los chinos turistas porque caminan todos detrás de una banderita luminiscente, sujeta por una chica -también china- que ha desarrollado la habilidad de hablar sólo a través de un megáfono, no importa si le estás preguntando la hora. Ah! y que no se calla ni debajo del agua -literalmente-.
En China se habla chino, y si no, estás fregao. Yo con mi chino de bolsillo, mucha paciencia y creatividad me he entendido con mucha gente pero no siempre, he de reconocer que he sido expulsada de más de un taxi por falta de paciencia del taxista o de habilidades comunicativas por mi parte. He de puntualizar que en ningún momento llegó la sangre al río y que en general los Chinos son pacientes (esto ya lo sospechábamos) y te intentan entender todo el tiempo, aunque hasta el lenguaje de signos y contar con los dedos se haga diferente, principalmente porque como turista supones una importante fuente de ingresos.
Hay dos tipos muy diferenciados de chinos: los de la ciudad y los del campo. Estos tipos son móviles y uno nunca se los encuentra donde espera. En el campo que es turístico hay mucha gente de la ciudad a la que se puede muy bien diferenciar por la cantidad de gilipolleces que compran y acarrean; comen más, están más gordos y en general tienen más de todo menos tiempo, van siempre con prisas, hasta cuando están de vacaciones. Los del campo también transportan cosas todo el tiempo, pero son mucho más grandes, pesadas y van en cajas atadas con cuerdas y por lo que parece tienen bastante más tiempo. Cuando se sientan da la sensación de que podrían estar esperando el autobús hasta el infinito y más allá.
En general China me inspira y el idioma parece accesible cuando pasa el primer susto de no entender absolutamente nada de lo que te rodea. Hay que volver para entender.
Desde el mundo exterior saludos para todos
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]]>Cuando llegamos del lago Baikal a Irkuts (mi cabeza, mis bultos y yo misma), recibí la llamada confirmando las coordenadas del sitio. Tomé el minibús 16 crucé de cabo a rabo una ciudad desconocida y, con ayuda del conductor, me bajé en la parada que correspondía.
Un hospital ruso es igualito que un aeropuerto ruso o un bloque de casas ruso o un centro comercial de los rusos de antes, la diferencia son las letras de la entrada, es decir, que gracias al cirílico no me entero de nada. Después de preguntar por el dortor Constantin Paparpovich Loudovicouch en el hospital grande me dirijieron hacia otro más pequeño.
Al entrar un ruso alto de expresión y rostro fríos me detuvo y me miró a los ojos; yo mantuve la mirada y aún seguiríamos así hoym en estado de estupefacción, si no hubiese sido por mi sentido común y el escozor y tirantez del cuello que me apuraban a ver al médico.
- "English?" Va y pregunta.
- "Da" Le digo yo muy metida en situación.
- "rejistrieishion" me dice; y yo voy y doy mi flamante focotopia del pasaporte y me registran en el Hospital Provincial de Irkustk, Siberia, en el Departamento de Traumatología.
El médico me tocó muy bien y después de mantener una conversación mediada por la "Guía de conversación ruso-inglesa"en la que ninguno abrió la boca -solo señalábamos- y gracias a la asistencia del ruso impasible llegamos a 2, o mejor dicho 3, conclusiones:
[*]no voy a morir esta noche
Decido pasar de los trámites del seguro y asegurarme un vuelo a Moscú a la mañana siguiente. ¡Sólo falta media hora para que cierre la oficina de vuelos! comienza la operación taxi. El ruso impasible, of course, ni se inmuta ni lo parece y yo tomo las de Villadiego al comprender que el chico ya había ayudado bastante por un día. Después de ser casi atropellada varias veces y atender una llamada de las que no solucionan nada por parte de los impertinentes del seguro, consigo un taxi con un taxista dentro que parece Alonso, tanto por el cuello como por el amor a la velocidad.
En menos de 15 minutos y al ritmo de "my hips don´t lie" de Shakira por todo lo alto, llego a la oficina. La primera oficina a la que entro no es, por supuesto, pero a la segunda y después de subir, bajar y recorrer pasillos doy con el mostrador:
- "Hello"
- "Niet Hello"
Pues sí que empezamos bien. Tres señoras a punto de irse a casa que no quieren lidiar con una extranjera porque están ya pensando en la teleserie de las 9. No obstante son majas, mucho más cuando saco el parte médico, me señalo y digo: "Dr" "Moscú" "tomorrow" con mi mejor voz de pena.
Dicho y expedido, casi nos hacemos amigas después de todo. El problema era el idioma, todo el inglés que ellas sabían lo recordaban a través de unas notas costrosas en cuartillas con las frases clave anotadas. Claro que ya es mucho más que mi ruso...
Con el billete comprado vuelvo al hotel donde resulta que convivo con un experto en picaduras de garrapata que me diagnostica exáctamente: "infección por garrapata". Me explica todo superbien, con gráficos incluidos, y me dice que son 10 días de internamiento hospitalario pero que no hay que preocuparse de nada; "is not fatal, you know...", dice, será capullo "fatal" era lo que yo no estaba esperando en una noche como esta.
Duermo, me despierto a cada 30 minutos y cada vez me duele más, menos mal que el vuelo es a las 9 y considerando el cambio horario llegaré por la mañana a Moscú. Sé a que hospital me tengo que dirigir pero no tengo ni idea de cómo llegar, no tengo alojamiento... Bueno, me digo, lo importante es ver a un médico que por fin me recete algo o me haga análisis o algo. Tengo la cabeza medio deformada de la hinchazón y a penas si puedo apoyarla en la almohada... la cosa, ciertamente, no pinta bien.
6:45 am me levanto y me piro del hostal. Nieva, con la mochila a cuestas cojo el minibús 61 hasta el aeropuerto y pago doble, claro, porque la mochila ocupa un sitio extra. Todo bien, llego a tiempo y facturo. ¡Qué bonita que es la nieve cuando uno no tiene que volar! Visibilidad 0. El vuelo se retrasa, primero 2 horas, luego otras 2, luego media, luego 38 minutos, luego 24 segundos, etc. En total nueve horas de espera aislada en el aeropuerto, sin comunicaciones ni por supuesto internet ni nadie con quien hablar.
Irkutsk-Moscú deberían haber sido 5 horas y media, pero yo creo que pasamos sobre cuenca y la patagonia antes de llegar... Pero llegamos, y recogimos las maletas. Para entonces mi cabeza estaba mucho mejor, uno de los bultos se había abierto la infección me chorreaba literalmente por el pelo y me dolía todo el cuerpo. Para colmo los taxis desde el aeropuerto cuestan como 80 € más o menos... y no era cuestión.
Decidí coger el tren. Y aquí apareció Él, el Ruso Salvador. En la cola y por azar le pregunté dónde se cogía el tren. Habla poco inglés este moscovita, pero es muy testarudo así que puede estar pensando delante tuya un par de minutos cada palabra, pero al final se le ocurre cómo expresarse y todo funciona.
Tras arduas explicaciones y pausas de pensamiento conviene en que vamos en la misma dirección: cogeremos el tren y después el metro, y yo encantada, tanto más cuando el tío va y se carga mi mochila... y yo de verdad es que no podía más.
En el tren le explico que voy al hospital y le enseño el informe del médico de Irkustk, el tío llama a su mujer (que es enfermera) le lee todo el texto y resuelve que se viene conmigo al hospital. Y yo que no, y él que sí y que sí fué.
Tras el metro, caminata de impresión hasta el hospital. LLegamos después de varias llamadas a amigos y familiares para que nos indicasen. Por supuesto, y como no podía ser menos, llovía.
En el hospital europeo veo a una médico rusa muy maja y más fria que un cuerno que, bajo mi sorpresa,¡no me hospitaliza! Y ahora que voy a hacer, son las 10 de la noche, casi, y no tengo hotel. de nuevo El Ruso Salvador, que a pesar de mi insistencia por que se marchase seguía en la recepción pacientemente, agarra el teléfono y pone a su mujer a buscarme un alojamiento, cosa que no es nada fácil en Moscú por menos de 300 €.
Mientras tanto problemas con el seguro: los del hospital quieren que pague una factura y los del seguro dicen que no hablar que ellos se ocupan y yo con ellos, claro, que no suelto ni un duro. Tras mucho negociar se resuelve la situación. Pero todavía estoy sin hotel. Salvador sigue llamando incesante con ayuda de unas páginas amarillas que las chicas de recepción nos han prestado. Tras mucho buscar resolvemos ir al hotel Ukraina por más de 200 € (es que no lo quiero ni pensar), en taxi, por supuesto.
Ningún taxi quiere venir a buscarnos. Pero Salvador, todo dispuesto, se vuelve a cargar la mochila y nos vamos a la calle. Paramos un coche cualquiera (porque aquí todo sirve de taxi) y nos vamos pal hotel. Hasta que no me dejó prácticamente metida en la cama no se fue contento. Y juro por dios que no he visto caballero semejante en los días de mi vida.
Salvador, Artemiy, como lo llaman sus amigos aquí, no tiene ni idea de lo que significó ayer su presencia, no podría haberlo hecho sin él, creo. Desde entonces y para siempre será la cara y el espíritu de los Moscovitas. Sigue habiendo gente buena por el mundo.
Antes de dormir tenía que escribir todo esto. Solo pude empezar porque a la mitad de la historia los calmantes hicieron efecto y me dormí con las gafas puestas. Esta mañana abandoné el hotel y con mi mochilaza y en metro me he trasladado a un hostal muy chulo y céntrico (pena que ayer no tuviera cabeza para poder encontrarlo porque está realmente cerca del hospital). Desde un ordenador y con Moscú revelándose a través de los cristares de la ventana termino esta historia porque no quiero que nada se me olvide.
La infección está remitiendo, ya no tengo la cabeza hinchada y me quedan 5 días por delante en Moscú antes de hacerme la siguiente revisión y partir hacia San Petersburgo. He tenido que abandonar el Transsiberiano, pero Rusia sigue siendo un sitio que no puede contarse con palabras. No obstante, en próximas postales se intentará.
Desde el mundo exterior y confiando más que nunca en el ser humano post soviético.
La tía Matta.
12 octubre 2006 remains copyright of the author latiamatta, a member of the travel community Travellerspoint.
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]]>Sí, señores y señoras, ahí fuera existe un mundo que está aun por descubrir. Esto es un hecho. De lo que nos llegan rumores y habladurías es sobre sus dimensiones: todo apunta a que es bastante grande el exterior, bastante más que nuestras casas, conforts, oficinas y medios de transporte.
Será cuestión entonces de investigar cuán grande es este mundo que nos rodea; y no sólo eso... se trata también de entrar en contacto con los habitantes de dicho mundo exterior. Trabajo éste que se dificulta muchísimo puesto que no todos ellos hablan español, hablan otras cosas, diferentes, incluso entre ellos.
Hemos de ser cautos porque en muchas ocasiones no sabremos si los habitantes del mundo exterior son inofensivos o no; confiaremos entonces en el carácter científico de nuestra investigación y nos ceñiremos en todo momento al método de viaje, sus normas, los usos y costumbres locales y las tecnologías globales.
Este es sólo el comienzo del viaje, veremos qué nos depara. Recibiran ustedes tan puntualmente como los avatares del camino permitan estas cartas que, redactadas en un estilo puramente objetivo y científico, sintetizarán toda la información recabada tras horas de esfuerzo y sacrificio.
Bienvenidos a mi flamante blog: el Hanoi-Toledo Express está a punto de partir.
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