A Travellerspoint blog

12 octubre 2006

Desde Rusia con amor

Hoy ha sido el día más largo de mi vida. Al contrario que todos los días, este no empezó por la mañana, sino la tarde del día antes.

Cuando llegamos del lago Baikal a Irkuts (mi cabeza, mis bultos y yo misma), recibí la llamada confirmando las coordenadas del sitio. Tomé el minibús 16 crucé de cabo a rabo una ciudad desconocida y, con ayuda del conductor, me bajé en la parada que correspondía.

Un hospital ruso es igualito que un aeropuerto ruso o un bloque de casas ruso o un centro comercial de los rusos de antes, la diferencia son las letras de la entrada, es decir, que gracias al cirílico no me entero de nada. Después de preguntar por el dortor Constantin Paparpovich Loudovicouch en el hospital grande me dirijieron hacia otro más pequeño.

Al entrar un ruso alto de expresión y rostro fríos me detuvo y me miró a los ojos; yo mantuve la mirada y aún seguiríamos así hoym en estado de estupefacción, si no hubiese sido por mi sentido común y el escozor y tirantez del cuello que me apuraban a ver al médico.

- "English?" Va y pregunta.
- "Da" Le digo yo muy metida en situación.
- "rejistrieishion" me dice; y yo voy y doy mi flamante focotopia del pasaporte y me registran en el Hospital Provincial de Irkustk, Siberia, en el Departamento de Traumatología.

El médico me tocó muy bien y después de mantener una conversación mediada por la "Guía de conversación ruso-inglesa"en la que ninguno abrió la boca -solo señalábamos- y gracias a la asistencia del ruso impasible llegamos a 2, o mejor dicho 3, conclusiones:

  • list
  • list
  • tengo una infección

  • tengo que ver a un especialista en Moscú

[*]no voy a morir esta noche

Decido pasar de los trámites del seguro y asegurarme un vuelo a Moscú a la mañana siguiente. ¡Sólo falta media hora para que cierre la oficina de vuelos! comienza la operación taxi. El ruso impasible, of course, ni se inmuta ni lo parece y yo tomo las de Villadiego al comprender que el chico ya había ayudado bastante por un día. Después de ser casi atropellada varias veces y atender una llamada de las que no solucionan nada por parte de los impertinentes del seguro, consigo un taxi con un taxista dentro que parece Alonso, tanto por el cuello como por el amor a la velocidad.

En menos de 15 minutos y al ritmo de "my hips don´t lie" de Shakira por todo lo alto, llego a la oficina. La primera oficina a la que entro no es, por supuesto, pero a la segunda y después de subir, bajar y recorrer pasillos doy con el mostrador:

- "Hello"
- "Niet Hello"

Pues sí que empezamos bien. Tres señoras a punto de irse a casa que no quieren lidiar con una extranjera porque están ya pensando en la teleserie de las 9. No obstante son majas, mucho más cuando saco el parte médico, me señalo y digo: "Dr" "Moscú" "tomorrow" con mi mejor voz de pena.

Dicho y expedido, casi nos hacemos amigas después de todo. El problema era el idioma, todo el inglés que ellas sabían lo recordaban a través de unas notas costrosas en cuartillas con las frases clave anotadas. Claro que ya es mucho más que mi ruso...

Con el billete comprado vuelvo al hotel donde resulta que convivo con un experto en picaduras de garrapata que me diagnostica exáctamente: "infección por garrapata". Me explica todo superbien, con gráficos incluidos, y me dice que son 10 días de internamiento hospitalario pero que no hay que preocuparse de nada; "is not fatal, you know...", dice, será capullo "fatal" era lo que yo no estaba esperando en una noche como esta.

Duermo, me despierto a cada 30 minutos y cada vez me duele más, menos mal que el vuelo es a las 9 y considerando el cambio horario llegaré por la mañana a Moscú. Sé a que hospital me tengo que dirigir pero no tengo ni idea de cómo llegar, no tengo alojamiento... Bueno, me digo, lo importante es ver a un médico que por fin me recete algo o me haga análisis o algo. Tengo la cabeza medio deformada de la hinchazón y a penas si puedo apoyarla en la almohada... la cosa, ciertamente, no pinta bien.

6:45 am me levanto y me piro del hostal. Nieva, con la mochila a cuestas cojo el minibús 61 hasta el aeropuerto y pago doble, claro, porque la mochila ocupa un sitio extra. Todo bien, llego a tiempo y facturo. ¡Qué bonita que es la nieve cuando uno no tiene que volar! Visibilidad 0. El vuelo se retrasa, primero 2 horas, luego otras 2, luego media, luego 38 minutos, luego 24 segundos, etc. En total nueve horas de espera aislada en el aeropuerto, sin comunicaciones ni por supuesto internet ni nadie con quien hablar.

Irkutsk-Moscú deberían haber sido 5 horas y media, pero yo creo que pasamos sobre cuenca y la patagonia antes de llegar... Pero llegamos, y recogimos las maletas. Para entonces mi cabeza estaba mucho mejor, uno de los bultos se había abierto la infección me chorreaba literalmente por el pelo y me dolía todo el cuerpo. Para colmo los taxis desde el aeropuerto cuestan como 80 € más o menos... y no era cuestión.

Decidí coger el tren. Y aquí apareció Él, el Ruso Salvador. En la cola y por azar le pregunté dónde se cogía el tren. Habla poco inglés este moscovita, pero es muy testarudo así que puede estar pensando delante tuya un par de minutos cada palabra, pero al final se le ocurre cómo expresarse y todo funciona.

Tras arduas explicaciones y pausas de pensamiento conviene en que vamos en la misma dirección: cogeremos el tren y después el metro, y yo encantada, tanto más cuando el tío va y se carga mi mochila... y yo de verdad es que no podía más.

En el tren le explico que voy al hospital y le enseño el informe del médico de Irkustk, el tío llama a su mujer (que es enfermera) le lee todo el texto y resuelve que se viene conmigo al hospital. Y yo que no, y él que sí y que sí fué.

Tras el metro, caminata de impresión hasta el hospital. LLegamos después de varias llamadas a amigos y familiares para que nos indicasen. Por supuesto, y como no podía ser menos, llovía.

En el hospital europeo veo a una médico rusa muy maja y más fria que un cuerno que, bajo mi sorpresa,¡no me hospitaliza! Y ahora que voy a hacer, son las 10 de la noche, casi, y no tengo hotel. de nuevo El Ruso Salvador, que a pesar de mi insistencia por que se marchase seguía en la recepción pacientemente, agarra el teléfono y pone a su mujer a buscarme un alojamiento, cosa que no es nada fácil en Moscú por menos de 300 €.

Mientras tanto problemas con el seguro: los del hospital quieren que pague una factura y los del seguro dicen que no hablar que ellos se ocupan y yo con ellos, claro, que no suelto ni un duro. Tras mucho negociar se resuelve la situación. Pero todavía estoy sin hotel. Salvador sigue llamando incesante con ayuda de unas páginas amarillas que las chicas de recepción nos han prestado. Tras mucho buscar resolvemos ir al hotel Ukraina por más de 200 € (es que no lo quiero ni pensar), en taxi, por supuesto.

Ningún taxi quiere venir a buscarnos. Pero Salvador, todo dispuesto, se vuelve a cargar la mochila y nos vamos a la calle. Paramos un coche cualquiera (porque aquí todo sirve de taxi) y nos vamos pal hotel. Hasta que no me dejó prácticamente metida en la cama no se fue contento. Y juro por dios que no he visto caballero semejante en los días de mi vida.

Salvador, Artemiy, como lo llaman sus amigos aquí, no tiene ni idea de lo que significó ayer su presencia, no podría haberlo hecho sin él, creo. Desde entonces y para siempre será la cara y el espíritu de los Moscovitas. Sigue habiendo gente buena por el mundo.

Antes de dormir tenía que escribir todo esto. Solo pude empezar porque a la mitad de la historia los calmantes hicieron efecto y me dormí con las gafas puestas. Esta mañana abandoné el hotel y con mi mochilaza y en metro me he trasladado a un hostal muy chulo y céntrico (pena que ayer no tuviera cabeza para poder encontrarlo porque está realmente cerca del hospital). Desde un ordenador y con Moscú revelándose a través de los cristares de la ventana termino esta historia porque no quiero que nada se me olvide.

La infección está remitiendo, ya no tengo la cabeza hinchada y me quedan 5 días por delante en Moscú antes de hacerme la siguiente revisión y partir hacia San Petersburgo. He tenido que abandonar el Transsiberiano, pero Rusia sigue siendo un sitio que no puede contarse con palabras. No obstante, en próximas postales se intentará.

Desde el mundo exterior y confiando más que nunca en el ser humano post soviético.

La tía Matta.

Posted by latiamatta 1:50 AM Archived in Russia

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